Si me pongo a pensar en lo que ha sido mi vida en las útimas semanas, se me viene a la mente una especie de versión criolla de la tan famosa serie norteamericana "Sex and the City". ¿Litros de alcohol bebidos en las últimas semanas? muchos. ¿Amores fallidos? dos. ¿ Romance viento en popa? niuno, ¿Horas de sueño?, muy pocas. Mala cosa. Más considerando que después de cada noche de juerga hay que levantarse al día siguiente haciéndole el peso a la caña (moral y de la otra) , con la mejor de las sonrisas y evitando a toda costa soltarle un ladrido al primero que se cruce por el camino. Para que hablar de las primeras horas del día. Es una especie de trance , donde el café , los dulces de menta y el cigarro, tratan de compensar por todos los medios la pasada noche de excesos. Recién después de almuerzo, vienen los buenos propósitos. " No puedo seguir así, no es manera de vivir, esto me va a pasar la cuenta", seguido del tan clásico, "hoy de todas maneras me acuesto temprano para mañana salir con tiempo y evitarme el taco", pero no.
Este efecto suele acentuarse los fines de semana , más en una época en donde las bodas están a la vuelta de la esquina. Todo el esmero que uno ha puesto en maquillarse, peinarse y perfumarse quedan en el fondo del vaso que contenía ese tercer ron. Ese mismo ron que, debido a tu escaza fuerza de voluntad , no supiste soltar y te pusiste a hacer confesiones estúpidas y fuera de lugar que pueden terminar de espantar a las cosas que de verdad te importan.
Y lo peor es al día siguiente, cuando después que abres los ojos vienen a tu mente flashbacks de la noche anterior, donde no dejaste barbarie por decir ni detalle por omitir. Y todo por no saber soltar el vaso a tiempo ni controlar los frutos hormonales de un ciclo menstrual irregular. La peor combinación de todas debo decirlo!
Y claro. Después los remordimientos de conciencia no se callan, como los excesos etílicos, con una simple aspirina...
Creo que la solución está en dejar de creerme Carrie Bradshaw y asumir mi esencia. Que una de mis máximas adoraciones en la vida es un peluche, que me gustan los caramelos americanos con la etiqueta sour, que lloro en los matrimonios , que me emociona enormemente la historia de Rory con Logan en Gilmore Girls y que todavía me creo la Bella con la esperanza de encontrar a la Bestia. Así soy yo no más y nada que pueda hacer al respecto. Yo no soy Carrie, la vida no es Sex and the City. Y sobre todo, no estamos en Nueva York.