Hay una afamada novela adulto-adolescente que narra con bastante sorna y sentido del humor ,la relación entre Miranda Priestly, editora de una de las más afamadas revistas a nivel mundial y su asistente: Andy Sachs. Una muchacha de aspecto pueblerino con grandes afanes de triunfar en el competitivo mundo del periodismo.
Dicen por ahí que a veces la realidad supera o iguala a la ficción. No puedo estar más de acuerdo.
Si bien no es Miranda Priestly y sus suntuosos ajuares y accesorios los que se pasean cada día por los corredores del lugar donde trabajo, si lo es un alegre caballero de sonrosadas mejillas que, al contrario de la fashion-idol , posee un pésimo gusto para vestir. Para que hablar de su capacidad de combinar. Creo que no es necesario mandarlo al oculista para declararlo daltónico.
Si bien a la pobre muchacha se le empalan hasta los huesos cada vez que esta buena dama se cruza frente a sus narices , no podría decir yo lo mismo de quien desde ahora en adelante llamaremos Mister O.
No se por donde partir. Dueño, a pesar del paso de los años, de un aspecto no omitible por quienes lo rodean, posee el enternecedor y rústico encanto de aquel, que pese a ser inteligente y muy capaz, pareciera ser que se hubiese criado por una familia de gallinas.
Cada mañana, haciendo gala de su cultivada sencillez y buen trato, se pasea por cada uno de los rincones del lugar de trabajo saludando a quien se cruce por su camino.Da la impresión del típico "huasito bonachón" que debido a su sencillez y humano actuar, podría ser desde bodeguero hasta CEO de una importante multinacional. Pero ay Diosito cuando algo se le cruza en su camino!. Al igual que frente a los silenciosos enojos de Miranda, lo más prudente es bajar la cabeza y hacer como que se escribe un largo y dificultuoso tratado de algún tema que requiere mucha concentración.
Pero, aún así, imposible resulta resistirse a sus rústicos encantos. Como omitir su dudoso gusto en temas de fragancia. Cada mañana (y cada cierto rango de tiempo) puede observarse por su sector un cierto aroma dulzón con dejos de desodorante de esos que hacen de patrocinadores de los programas de baile de las seis de la tarde. Lo anterior cobra bastante sentido, ya que al asomarse a su oficina, se puede ver sobresalir por entre su desorden una botella roja destellante: su eau de toilette.
No puedo dejar de omitir su gusto por el canto. Desde modernas piezas en inglés hasta infantiles del recuerdo como Xuxa, forman parte del soundtrack que acompaña nuestro laborar de cada día.
Ciertamente el hombrecito aquel es el alma de la oficina. Y a pesar de estar ya prometido a otra (numerosos retratos de niños en su oficina me dan la razón), no por eso puedo dejar de suspirar cada vez que pasa frente a mi escritorio. Es una cosa inevitable.Es casi un embrujo diabólico el que tiene .Tal como dijo Arjona, es un santo pecado!
Cada vez que tengo que interactuar con él, sea cual sea el motivo, noto como mis cachetes se empiezan a poner rojos, pierdo la capacidad de ser coherente y hasta temo por mi equilibrio. En este tipo de reuniones prefiero no cargar nada en las manos, ya que temo que fruto de la alteración en la frecuencia cardíaca, acabe botando lo que sea tenga sobre ellas.
Pese a que trato de disimular este "pequeño favoritismo", todo podría ser resumido, al igual que Andy Sachs frente a Miranda, en "sus deseos son órdenes". Desde la necesidad urgente de un block colón para tomar notas hasta un café con notas aromáticas de la india.
Imposible, inanarrable, innegable.Inevitable. Como omitir los comentarios de las que me rodean. Me miran con cara de loca. ¿ Como no ven en aquel sexy cincuentón al mejor representante de los años dorados?
Así es la cosa. Dicen que el diablo solo viste de Prada, pero claramente este diablito, ha optado por un modelo más económico. Y para ser bien sinceros, le luce bastante bien.