Luego del impacto que produce un encuentro de esta categoría, tuve que hacer un enorme esfuerzo por no botar mi bolsito de diseñador encima de sus pies. Digamos que vaciar mis pertenencias alrededor de su metro cuadrado, no habría sido la manera más estratégica de lograr la atención de tan guapo caballero de mar.
Embobada aún , opté por salir al exterior y pensar, con la ayuda de un poco de aire fresco, la mejor manera de ser presentada ante tal paladín de los océanos.
Mientras miraba de reojo a través del vidrio a mi alto galancete, me puse a pensar en lo malas y poco efectivas que han resultado mis estrategias de conquista en el último tiempo.
Yo no se de donde saqué que el mirar con cara desdeñosa , en conjunto con demostrar un amplio y surtido sentido de la ironía en contra del pobre sujeto , surtía algún efecto favorable. El viejo refrán "quien te quiere te aporrea" me viene como anillo al dedo.
La peor parte es que yo me siento siendo tan simpática y coqueta, y que como shits el $%& en cuestion puede pensar que soy una arpía antipática , que en cualquier minuto saca la escoba y después de pegarle, sale volando.
La verdad, poquito me dura la valentía. Después de salir de la escena del crimen , convencida que tuve un desempeño increíble, viene el arrepentimiento. Es ahí cuando un sin fin de estrategias extremas, que buscan reparar el daño causado, no hacen sino volver la situación aún más extraña y digna de un diagnóstico psquiátrico de bipolaridad .Pero ya es demasiado tarde. De nada sirve tratar de enmendar el error. Una dulce damita, escudada en un pollerón floreado y una holgada blusita unitono, ha demostrado que tal como nos enseña el refrán popular, más hay que temer del manso que del del fiero. Nada que hacer, nuevamente hemos perdido la batalla.
Después de este proceso (que no suele durar más de un par de semanas) prometo enmendar mi conducta. " No me burlaré , no insultaré y sonreiré". Pero nada, vuelta a tropezar con la misma piedra.
En fin. Salgo de los recuerdos y vuelvo a mirar al marinete. Está ahí aún. Se rie mientras se toma una cerveza. Conversa con una amiga y veo en ella mi oportunidad dorada. Respiro hondo , como tratando de ahogar cualquier inseguridad y me lanzo al ataque. Suena en mi cabeza aquella conocida canción de Rafaella Carra: " Desde esta noche cambiará mi vida, desde esta noche, desde esta noche, ya no quiero ser más la abandonada, ya no quiero serlo, no quiero serlo.."
Es de esperar que si es necesario , bajen algunos querubines y me hagan morderme la lengua.
