Le he contado a cierta amiga acerca de mi gusto por escribir, prometiéndole algunas líneas en su nombre. Como una de mis principales fuentes de inspiración es la música, prendo mi Spotify (regalo que ella me hizo) y sintonizo mi lista de canciones fiestosas. Como por arte de magia empieza a sonar el ilustre temón tipo fondero: el galeón español.
Al seguir oyendo la canción, me baja una súbita melancolía de meses pasados. Vientos provenientes de la Península Ibérica trajeron consigo, además de nuevas tendencias de moda , simpáticos visitantes. Entre ellos, Ninón.
Fácil fue quererla. ¿ Olvidarla?, muy difícil. Recuerdo como si fuera ayer cuando por pimera vez la vimos a través de los cristales del auto de Bea. Una chica de aspecto tímido, mejillas sonrosadas y ojos grandes y vivaces, que vestida como una pequeña niña inglesa del siglo XVIII, esperaba ser recogida por , en ese entonces, desconocidos.
Su acento extranjero , divertidos modismos y chispa , la hicieron merecedora de nuestro afecto inmediato, siendo incluída raudamente en todo tipo de paseos, comidas, panoramas, etc.
¿ Anécdotas ?, numerosas. Como cuando durante un paseo a nuestro epicentro cultural y en un acceso de patriotrismo de ciertas mozas, Ninón y su par Andaluz , fueron introducidos a empujones dentro de una barcaza turística para dar un "paseo por la bahía".
Suerte tuvieron que tan poética travesía no los dejara, como canta el Cangrejo Sebastián, "bajo del mar", haciéndole compañía al placton y especies marinas varias que componen nuestro mundo submarino. Dudo que esa experiencia se encuadre dentro de, como diría Mocedades, hacerse a la mar.
Después de tan placentero paseo en ¨velero ¨, nada mejor que una copa de champaña con vista al rompe olas, pensarán ustedes. Bueno, al parecer nuestras compatriotas no consideraron que el espumante fuese algo tan necesario. ¿ Quien quiere champaña cuando está la posibilidad de comer algo tan típico como chorillanas?
No bastando con la abundante actividad portuaria , llegó el turno del deporte en cuatro ruedas por la Avenida Perú y el baile en ¨Stinky Club¨.
Imposible será olvidar el estiloso apartamento tipo loft que acogió a Ninón mientras estuvo en tierras nacionales. Ubicado en uno de los barrios más glam de Santiago, fue escenarios de numerosas confesiones, aventuras y hasta uno que otro acceso higiénico por parte de una de sus amigas chilenas.
En fin. Realmente buenos momentos. Ya sabes que puedes volver cuando os apetezca. Sabes que Jonas siempre tendrá un lugar para ti en su barcaza. Olé!