Todo comenzó el viernes. Después de un ajetreado correteo por los patios de mi ilustre casa de estudios, corrí a casa a preparar mi equipaje. Un par de pantaloncillos informales, combinados con una coqueta" t shirt" ad hoc, conjuntillos de lino blanco y mis "finos" pañuelos en tonos de moda, fueron el componente principal de mi valija.Ah!, tampoco pude omitir en mi "travell stock",mi maletilla de esenciales. Esencias de te verde , cítricas fragancias y vitaminas de pepino tendrían la misión de darle el toque "spa" a mi travesía.Era un tiempo para el relax y el glamour .Todo debía salir perfecto..
En dichas condiciones me encontraba, cuando llegó el turno de abordar la aeronave. En mi afán glamoroso , obvié el incluir en mi equipaje alguna ayuda farmacológica para enfrentar sin escándalos uno de mis mayores temores: los aviones. Pero bueno, ya estaba con mis dos patitas bien instalada en la nave y no había nada que yo pudiera hacer al respecto.Nada, excepto encondarme a los cielos y abrazar mi chaleco salvavidas..
Mi ilustre miedo a estos entes voladores ,se vió acentuado con las recientes desgracias aéreas. Llamó particularmente mi atención, el accidente sufrido por uno de los ejemplares de la flota de una prestigiosa aerolínea brasilera . Dicen que fue una fallas en los radares. Yo no se problema de quien fue. Me bastó ver el resultado. Un avión destrozado en la mitad de la selva amazónica.....
No es que yo me sobrevalore,pero no se si me apetece terminar mis días siendo alimento de caníbales. Mi único consuelo ,era que nuestro medio de transporte, era algo más conocido. Era de esperar que sus ejecutivos decidieran no hacer un recorte presupuestario en insumos para mantener los radares...
Pero en fin.Más encima, mi asiento estaba pegado al ala. No es por exagerar, pero ésta se encontraba a bastante mal traer. Ya veía yo que de un minuto a otro ,pasábamos a adornar aquellas franjas en diferentes tonos de verdes que se extendían bajo nuestros pies. Un bello paisaje para la contemplación, pero no para pasar a formar parte de él..
Luego de un par de pellizcos nerviosos a la persona que iba al lado mio, aterrizamos sin mayor novedad...
Tiendas, ricos brevajes bebidos al son de un romántico tango y una que otra escapadita, fueron elementos recurrentes en los dos días venideros. Para que hablar de los ejemplares masculinos. Aparte de la carne, los argentinos deberían exportar también sus hombres...
Con que nostalgia recordaré los paseos por aquellas plazas, esos días en que mi única actividad consistía en recorrer elegantes malls de un lado para otro. Es triste, pero como todas las cosas buenas de la vida, esta tuvo que llegar a su final..
Aquí me encuentro de nuevo. Sentada frente a mi humilde computadora, con añoranza de días pasados.Tal como lo hizo Carlos Gardel, solo me queda cantar:"Mi Buenos Aires querido,cuando yo te vuelva a verno habrá más pena ni olvido.."