Tal como dice aquella selecta melodía que inunda nuestras fondas cada 18 de septiembre, “el galeón español llegó, dejando su estela en el mar”, nuestro país estuvo honrado de recibir la visita de cierto selecto grupete. Casi 20 muchachos, oriundos del país donde el toro y la paella son amo y señor, vinieron a dar de que hablar a estas frías tierras, dejando, además de un aura de difícil olvido, uno que otro corazón roto.El compromiso de la hermana de cierta amiga con un selecto y refinado español, fue la excusa de estos mocetones para su visita a nuestro país.
Pero, los festejos no se limitaron solo al día de la boda. Algunas semanas atrás los novios, en un afán de generosidad y celestinado, decidieron organizar un asado para echar a andar, rauda y velozmente, el proceso de batido de esta particular mezcla españo-criolla.
Apenas entrar al recinto del bbq , la mezcla del acento español con el olor a ron añejo y caro, inundaba el ambiente. En la terraza, un mocetón , que más parecía sacado de la portada de una revista que recién bajado de un avión, bromeaba acerca del estado de la carne.
Yo junto a un grupete de compatriotas, figurábamos sentados en el sofá de la esquina, riendo a mandíbula batiente mientras los acontecimientos se desarrollaban a nuestro alrededor.
Por alguna extraña razón, en un momento dado, el moderno ipod que surtía el ambiente de variada música, fue reemplazado por una guitarra y las armoniosas voces de los españolitos, que en conjunto con aquellos chilenos más atrevidos, formaban un conjunto bastante singular. Aquella “canturreada” velada, que acabó según las horas pauteadas por la decencia, fue el primer paso para estrechar los vínculos que terminarían por formarse con aquellos visitantes europeos.
El siguiente encuentro con los integrantes de la colonia española, fue el día de la boda. Nunca podré olvidar, cuando al entrar a la Iglesia, después de observar a unos novios enamorados y radiantes, mi mirada se detuvo en un par de ojos azules.Que creo, no olvidaré tan fácil.
Al observar más en detalle al portador de semejantes zafiros, descubrí a un sujeto elegante, de barba cuidadamente desastrada, pantalón de corte recto, corbata a tono y un abrigo que lo hacía parecer a uno de los personajes del trágico Baudelaire. Todo un hallazgo; dado los tiempos y el país en el que vivimos.
Una vez terminada la ceremonia y bebidos los cócteles, se dio inicio al reconocimiento de las mesas. Oh hado destino! , cuando al mirar hacia el lugar que me había sido asignado por los organizadores, descubro entre otros, sentado a mi muso maldito de los ojos azules.
Al acercarnos a la mesa, sus cuatro integrantes, con una sofisticación exquisita, procedieron a saludar y a moverse , de manera de quedar sentados, según sus propias palabras “chica con chico”. El destinó, bendiciéndome nuevamente, situó a mi paladín al lado mio. Una ola de nerviosismo atacó y trabó mi lengua, inhabiltando el tráfico de frases coherentes durante por lo menos una hora.
Un par de copas de vino me ayudaron bastante a recuperar el habla, pudiendo de esa manera, interactuar y conocer un poco más a este y a los otros compañeros de mesa. Entre playboys , toreros y hasta un cantante inspirado en Joaquín Sabina transcuyó la velada.
¿ Ojos azules?, los de Wurst eran una pequeña broma al lado de estas joyitas. Y para que hablar de su portador: entre el humo de su cigarro lucky strike , su acento español y sus finas colleras Bulgary ,yo me hallaba totalmente en trance.
A pesar del "shock -love" en el que me hallaba sumida, mi radar no pudo omitir, de entre los presentes, la presencia de cierto cantautor . Este culto mozalbete, portador de una elegancia menos tradicional y un particular sentido del romance, gusta de demostrar sus abatimientos internos a través de poéticas canciones y frases, mientras su mano aplana una y otra vez su pelo castaño. Este chico de ojos sesgados y vivaces sufre de una suerte de timidez con las chicas.Su mirada, al cruzarse con la de alguna muchacha , experimenta un ligero desvio, mientras su cara lentamente comienza a enrojecer. Toda una encarnación moderna de lo que pudiese haber sido Romeo en la antiguedad.
Así fue la cosa. Más que mal, después de tanto mal rato con los prospectos chilenos, un catering extranjero no nos vino nadita de mal. He dicho!





Toda una avalancha de sucesos. Desde fugaces paseos por los centros asistenciales rematando así la lista de sucesos con, probablemente la peor vergüenza que he pasado en mucho tiempo.
